9 de enero de 2013

EE.UU.: ¿Un '11 de septiembre' para las escuelas?

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por Gene Healy

Gene Healy es Vice Presidente de Cato Institute.

“Esto cambiará la manera en que vemos las cosas”, dijo un consultor de seguridad a Megyn Kelly del canal Fox el día de la masacre en la escuela de Newtown. Las escuelas estadounidenses necesitarán de guardias armados, “perímetros de seguridad, cámaras de circuito cerrado, asuntos preventivos con los psiquiatras de las escuelas [y] la policía…”. Newtown, concluyó, “será para las escuelas lo que el 11 de septiembre fue para los aeropuertos”.

Esperemos que no. Si la reacción a la tragedia en la Escuela de Sandy Hook es parecida en algo a la reacción a los ataques del 11 de septiembre, nos dirigimos a una década o más de una frenética reacción exagerada y derrochadora, de políticas destructivas basadas en la promesa falsa de seguridad perfecta.

Es natural que los padres hayan abrazado con mayor fuerza a sus hijos en los días después de esta tragedia y que los hayan enviado a la escuela con más ansiedad de lo normal. Así que debería ser reconfortante aprender lo que Daniel Gardner señala en su excelente libro de 2008, La ciencia del miedo (The Science of Fear), “los niños están más seguros dentro de la escuela que fuera de ella”. La evidencia compilada en la encuesta anual del gobierno federal, Indicadores de Crímenes y Seguridad Escolar, consistentemente muestra que “el riesgo de que un estudiante sea asesinado en la escuela fue de mínima importancia —tan mínima que era de efectivamente cero”.

La última edición (2011) de ese reporte indica que “a lo largo de todos los años disponibles de la encuesta, el porcentaje de homicidios de jóvenes que ocurrieron en una escuela seguían siendo de menos del 2 por ciento del total número de homicidios de jóvenes”. En términos de mortalidad infantil, tanto la piscina del patio y el automóvil familiar siguen siendo mucho más peligrosos que la escuela.

En 2010, la publicación Education Researcher puso el problema en perspectiva con un artículo titulado “¿Qué se puede hacer acerca de los tiroteos escolares? Una reseña de la evidencia”. Según los cálculos a grandes rasgos de los autores, “cualquier escuela puede esperar experimentar un homicidio de estudiantes una vez cada 6.000 años”.

El riesgo de los estudiantes de sufrir las decisiones de políticas tomadas al calor del pánico es mucho mayor. Como indica Gardner, luego de la masacre de Columbine, las políticas de “cero tolerancia” proliferaron y el término ‘bloqueo’ se movió de la jerga de las cárceles al inglés estándar conforme se volvió una conducta común realizar ejercicios durante los cuales los estudiantes se imaginaban a maniáticos armados en los pasillos. El dinero se desplazó de los libros y el mantenimiento hacia los detectores de metales, las cámaras y los guardias”.

Las cosas podrían empeorar. Hace un par de semanas, Matt Drudge —siempre veloz para resaltar la última atrocidad de la Administración de Seguridad del Transporte (TSA, por sus siglas en inglés)— aseveró que la “administración de Obama permitió que disminuyan los fondos para la seguridad en las escuelas”. Aparentemente, necesitamos más financiamiento federal para armar nuestras escuelas, a pesar del riesgo casi imperceptible. Este tipo de carrera para ganar puntos políticos es una excelente forma de transformar la educación pública en un viaje de 12 años a través de una gigantesca línea de seguridad como las que la TSA tiene en los aeropuertos. Pero el ambiente resultante no es la manera de educar ciudadanos independientes y de pensamiento libre.

La misma noche de la masacre en Newtown, el “Wonkblog” con sesgo de izquierda del Washington Post publicó una nota destacada preguntando, “¿Cómo se vería una ‘acción significativa’ acerca del control de armas?” Desde el punto de vista del “Wonkblog”, se vería como la lista de deseos de la campaña de Brady —chequeos de antecedentes, una prohibición renovada para las armas de asalto, periodos de espera, ningún ítem en ella hubiera prevenido la matanza de Adam Lanza en Newtown.

Alan Jacobs de la revista The American Conservative argumenta que “la misma advertencia en contra de implementar decisiones de políticas públicas basadas en eventos muy vívidos pero muy poco probables se aplica a las personas que están diciendo que la respuesta a las masacres escolares es armar a nuestros profesores”. Jacobs predice que “dentro de unos cuantos años más personas serían asesinadas por profesores que dispararían sus armas accidentalmente o debido a un coraje o miedo inapropiados, o por estudiantes que robarían las armas de sus profesores, que los que alguna vez han sido asesinados en las masacres escolares”.

Por supuesto, el horror de Newtown “cambiará la manera en que vemos las cosas”. Pero no deberíamos permitir que cambie nuestra capacidad de evaluar el riesgo —y de pensar antes de legislar.

Este artículo fue publicado originalmente en The DC Examiner (EE.UU.) el 18 de diciembre de 2012.