6 de marzo de 2007

EE.UU. necesita detener el problema en Irak antes de que se vuelva un problema regional

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por Ted Galen Carpenter

Ted Galen Carpenter es vicepresidente de Estudios de Defensa y Política Exterior del Cato Institute y autor o editor de varios libros sobre asuntos internacionales, incluyendo Bad Neighbor Policy: Washington's Futile War on Drugs in Latin America (Cato Institute, 2002).

Es demasiado tarde para detener la guerra civil en Irak, pero todavía podemos lograr evitar que se convierta en un desastre regional. La decisión del presidente Bush de enviar 21.500 tropas más a Irak es un acto de desesperación, pues, como el resto, ellos terminarán tratando de arbitrar una guerra civil multilateral. Washington debería de concentrarse en un objetivo más factible —y aún más vital— trabajar con los vecinos de Irak para contener la violencia iraquí. Si la guerra se esparce más allá de las fronteras de Irak, podría fácilmente convertirse en una conflagración de sunni-shiítas, debilitando la política de EE.UU. a través del Oriente Medio.

Los vecinos de Irak ya se están alineando en los lados opuestos de la lucha sectaria interna. El predominantemente shiíta Irán tiene lazos cercanos con los dos partidos más prominentes políticos shiítas y ha apoyado el aún más radical Muqtada al-Sadr. Teherán quiere que el gobierno controlado por shiítas mantenga el liderazgo en Bagdad y reaccionará gravemente si pareciera que la minoría sunni iraquí fuera a ser posicionada para recuperar su liderazgo.

Pero otros vecinos de Irak están preocupados (para decirlo de manera ligera) por un Irak controlado por shiítas. Arabia Saudita percibe la posibilidad de tal estado en su frontera norteña como un anatema, preocupándose del impacto que tendría en su propia minoría shiíta —la cual se concentra en la principal región productora de petróleo. Ya hay indicaciones que los sauditas ricos están proporcionando fondos a fuerzas sunni en Irak.

Siria tiene lazos con los elementos Baathistas en Irak y, por lo menos, ha permitido que combatientes y armadura militar crucen la frontera de Siria para unirse a la insurrección en Irak. Turquía tiene su propia prioridad política: el prevenir el nacimiento de una república Kurda independiente en el norte de Irak.

Una guerra regional en Irak haría la misión de la administración de Bush en el Medio Oriente aún más desastrosa de lo ya que es. Peor aún, los vecinos de Irak podrían convertirse en participantes directos en el conflicto —un desarrollo que podría crear caos en todo el Medio Oriente. Ahora es que Washington necesita tomar medidas para intentar evitar estos peligros.

La mejor táctica sería que EE.UU. convoque una conferencia regional incluyendo a Irán, Arabia Saudita, Siria, Jordania y Turquía. El propósito de tal conferencia debe ser el hacer que todos los partidos reconozcan el gran peligro que significa que la agitación iraquí rápidamente se convierta y prolifere a una lucha armada regional que últimamente no favorecería a ningún país implicado. Washington debe resaltar el hecho de que Arabia Saudita, Irán, y otros vecinos de Irak corren el riesgo de que los acontecimientos se salgan fuera de control si no contienen la violencia en Irak. La meta estadounidense debe ser lograr un compromiso de parte de los estados que rodean a Irak de evitar entrometerse en la separación sectaria de ese país.

La conferencia regional debe solamente concentrarse en evitar que la violencia en Irak se expanda. No debe procurar tratar otros problemas tales como el programa nuclear iraní, el conflicto Israelí-Palestino, o reformas democráticas en el Medio Oriente. Expandir la agenda de la conferencia de esa manera es una receta para el desastre.

Incluso con una agenda limitada, no hay garantía de que este tipo de conferencia sería exitosa. Todos los vecinos de Irak tienen importantes incentivos para intentar prevenir una victoria de una facción iraquí contra la otra. Pero los líderes estadounidenses pueden decir claramente a Turquía y Arabia Saudita que sus lazos cercanos con EE.UU. estarán en peligro si exacerban el caos en Irak. El tratar con Irán y Siria requiere un método contrario. Washington debe aclararles a ambos países que la restricción razonable será recompensada con mejores relaciones con EE.UU.

La administración de Bush necesita una inyección sana de realismo para adoptar una estrategia de contención. La meta de prevenir una guerra civil en Irak ya esta pérdida, y mantener una ocupación militar estadounidense en Irak a largo plazo para prevenir una guerra regional de aliados es un precio demasiado alto que pagar, tanto en el dinero perdido y en las vidas estadounidenses sacrificadas. Enlistar a los vecinos de Irak para controlar la violencia en este país es la única alternativa factible.

Este artículo apareció en el periódico Chicago Sun-Times en Febrero 10 del 2007.

Traducido por Sara Benavides para Cato Institute.