8 de enero de 2013

EE.UU.: Deteniendo el crecimiento del Estado

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por William G. Shipman

William G. Shipman es Co-Presidente del Proyecto para la Privatización del Seguro Social del Cato Institute.

El debate actual acerca de las reformas a los programas de prestaciones sociales es simplemente el último capítulo en el desplazamiento épico del individuo hacia el colectivo que se ha dado a lo largo de los últimos 80 años. El primer capítulo fue la creación del Seguro Social en 1935, seguido de otros programas incluyendo el seguro para discapacidad en 1956 y Obamacare en 2010. El desplazamiento de la responsabilidad hacia el colectivo es global y particularmente bien establecido en Europa. ¿Por qué pasa esto y cuáles son las consecuencias?

El desplazamiento de responsabilidad normalmente es causado por un shock o una crisis, por ejemplo, una guerra, una depresión o un desastre natural o un ataque terrorista. El gobierno responde al shock y al hacerlo asume responsabilidades y poderes que no tenía antes del shock. El poder del Estado puede que reseda cuando el shock termine pero normalmente no retorna a su nivel pre-shock. El proceso se repite con cada shock, causando un mayor control estatal a lo largo del tiempo. Este fenómeno fue bien documentado por Robert Higgs en su libro de 1987, Crisis y Leviatán (Crisis and Leviathan).

El desplazamiento de la responsabilidad hacia el colectivo tiene por lo menos cuatro consecuencias. La primera es que los individuos se vuelven dependientes del Estado para la responsabilidad que ha sido desplazada hacia este y pierden algo de libertad en el proceso. El Estado, ahora el responsable, toma las decisiones. Le dice lo que usted obtiene, cuándo, cuánto, si estará ajustado a la inflación, si su pareja recibirá algo —la lista casi no tiene fin. Estas son decisiones que alguna vez usted hacía por si mismo, pero ahora ya no.

Segundo, los recursos también son desplazados porque el Estado tiene que proveer para estas nuevas responsabilidades. Obtiene sus recursos cobrándole impuestos a los mismos individuos cuyas responsabilidades fueron asumidas por el Estado. A la medida que los nuevos impuestos disminuyen el retorno después de pagar impuestos sobre el ahorro, la inversión o el trabajo, hay menos de estos, lo cual conduce a un crecimiento económico más lento.

La tercera consecuencia es que conforme el gobierno asigna sus recientemente hallados recursos de manera menos eficiente que el sector privado, del que obtuvo los recursos —muchas veces es así, el crecimiento económico se desacelera todavía más.

Finalmente, la responsabilidad rara vez es devuelta al individuo. Esto es porque el colectivo protege su nuevo poder y el individuo no tiene el peso para reversar esta situación. Se requiere de una gran cantidad de individuos para revertir esta tendencia, lo que resulta ser una tarea difícil en el mejor de los casos.

En el caso de la Seguridad Social, el shock fue la Gran Depresión. Franklin D. Roosevelt respondió a la crisis en su discurso del Estado de la Unión de 1935:

“Estrechamente relacionado al amplio problema del sustento está aquel de la seguridad en contra de los grandes peligros de la vida. Le enviaré a ustedes en algunos días la recomendaciones definitivas [que] cubrirán las materias amplias del seguro para desempleo y para la vejez, para los beneficios de los niños, de las madres, de los discapacitados, del cuidado de maternidad, y para otros aspectos de dependencia y de enfermedad en los que un inicio podría darse ahora”.

Así empezó el desplazamiento de la responsabilidad. Cuando la depresión terminó, la Seguridad Social no se acabó. De hecho, se ha expandido a tal grado que casi todos los jubilados ahora dependen del colectivo. El gobierno escribe las reglas —abrumadoras por su complejidad— reduciendo así la libertad para elegir del individuo. Para financiar los beneficios, se requiere que los mismos individuos que finalmente reciben los beneficios sacrifiquen recursos. Dado que el total de los recursos debe igualar al total de los beneficios, no hay una ganancia neta, sino una redistribución de la riqueza de un cohorte a otro.

Conforme la Seguridad Social ha enfrentado nuevos shocks, como la demografía inconveniente, el Estado ha respondido reduciendo los beneficios y aumentando los impuestos, causando que un sistema ineficiente se vuelva todavía más ineficiente. Dado que el sistema se enfrenta actualmente a una obligación no financiada que se ubica en el rango de los billones de dólares, los impuestos y beneficios esperados no serán honrados. Aún así, totalmente consistente con la cuarta consecuencia, el colectivo se agarra, prohibiendo cualquier competencia que podría devolver la responsabilidad al individuo.

Ahora que nos enfrentamos al shock de prestaciones sociales prácticamente impagables, esta historia ilustra lo que probablemente nos espera. El colectivo probablemente ganará más poder y aumentará todavía más la dependencia del individuo mientras que reduce la libertad para elegir de este. Recursos adicionales se desplazarán a los estados para que la estructura fundamental de la Seguridad Social permanezca intacta, un imperativo político del colectivo. Todo lo anterior conducirá a un menor crecimiento económico.

Aunque extraño, hay momentos en que la responsabilidad se ha desplazado nuevamente hacia el individuo. Aún así, no espere que un partido político particular efectúe esta devolución, considerando que cada uno tiene una historia de promover y proteger al colectivo.

Este artículo fue publicado originalmente en The Washington Times (EE.UU.) el 22 de diciembre de 2012.