1 de junio de 2007

EE.UU.: Arrastrándose hacia el mercantilismo

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por James Dorn

James A. Dorn es Vice-presidente para Asuntos Académicos de Cato Institute y especialista en China y coautor de China's Future: Constructive Partner or Emerging Threat? (El Futuro de China: ¿Socios Constructivos o Amenaza Emergente?).

Cuando el secretario de la Tesorería Henry M. Paulson se reunió hace poco más de una semana con el Vice Premier de China Wu Yi para sostener la segunda ronda del Diálogo Económico Estratégico, en la cual debería continuar enfatizando las ganancias mutuas de un comercio libre y no sucumbir a la actitud mercantilista que parece predominar en el Capitolio.

Demasiados políticos consideran al comercio con China como un juego de suma cero: China gana al obtener un superávit comercial; EE.UU. pierde al obtener un déficit comercial. Un coro de voces en el Capitolio está pidiendo una retaliación en contra de China por “hacer trampa” al violar sus compromisos comerciales y sub-valorar su moneda. El Senador Byron Dorgan, un demócrata de Dakota del Norte, hasta ha propuesto una ley para terminar las relaciones comerciales normales con China.

La presunción de que China está “haciendo trampa” —y haciéndolo a cuestas de trabajos estadounidenses— se está fortaleciendo mientras que el déficit comercial bilateral de EE.UU. con la República Popular de China continúa alcanzando niveles sin precedentes. Las presiones están aumentando para que el congreso “iguale el campo de juego” y corrija el desequilibrio comercial, el cual llegó a constatar $233 mil millones el año pasado.

El peligro es que la presión creciente derivará en una ley proteccionista que podría impedir el comercio entre EE.UU. y China y por ende, perjudicar a la economía global. China es el mercado que está creciendo con mayor velocidad para las exportaciones estadounidenses y un aspecto clave del Diálogo Económico Estratégico es el de asegurar que las relaciones comercial entre EE.UU. y China se mantengan estables dentro del marco de una interacción de largo plazo.

La lógica falsa del mercantilismo es atractiva pero peligrosa. Como David Hume indicó en 1758, la idea de que un déficit comercial es malo y un superávit es algo bueno es tan “obtusa como una opinión mala”. La atención indebida al déficit comercial bilateral con China constituye gran parte de la crítica a China que se escucha en Washington hoy.

Al concentrarse en productores que puede que hayan sido perjudicados por el comercio en lugar de en consumidores que se benefician, el congreso comete la misma falacia de composición que Hume expuso. Además, al no reconocer los beneficios del comercio para todas las naciones, los proteccionistas han dejado de considerar la idea liberal expresada de mejor manera por Hume: “cuando una comunicación abierta es preservada entre las naciones, es imposible pero la industria doméstica de cada una debe recibir un aumento como resultado de las mejoras de los otros”.

Si China no hubiese liberalizado unilateralmente su régimen controlado por el estado después de 1978, tanto China como la economía global seguramente estuvieran peor hoy. De igual manera, si EE.UU. está dispuesto firmemente a restringir las importaciones de China, el impacto a largo plazo será el de reducir el crecimiento de las exportaciones estadounidenses y de reducir la riqueza de ambas naciones.

Lo que el congreso necesita escuchar es que (1) el libre comercio es mutuamente beneficioso —los consumidores ganan sin importar la razón por la cual las importaciones son baratas; (2) el propósito del comercio no es el de crear trabajos sino el de crear riqueza; (3) el balance de pagos siempre debe balancear porque es un sistema de contabilidad de doble entrada.

Toda la hipérbole proteccionista distrae la atención de esos principios simples e ignora el progreso considerable que China ha experimentado en su transición desde la planificación hacia el mercado. El pueblo chino ahora tiene más libertad económica y personal y el comercio extranjero ha aumentado substancialmente la gama de opciones personales.

La simple verdad es que nadie está obligado a comerciar con China. Como Bo Xilai, el ministro de comercio, indicó contestando a las amenazas proteccionistas de EE.UU., “Si [las empresas estadounidenses] no ganarán dinero haciendo negocios con China, ellos no hubiesen estado comerciando con China en primer lugar”.

Daniel Griswold, director del Centro para Estudios de Política Comercial del Cato Institute estima que las pérdidas anuales de trabajos netos en EE.UU. debido a importaciones de China “constituye solo un por ciento del total de los trabajos perdidos”. Pero las industrias que pagan por esas perdidas encontrarán conveniente presionar para que se las proteja a cuestas de los consumidores estadounidenses.

La política estadounidense de interacción ha funcionado relativamente bien, como también ha funcionado la política china del “desarrollo pacífico”. Tomará tiempo para que China satisfaga todas sus obligaciones con la OMC. Se ha progresado mucho en cuanto a acceso al mercado y asuntos basados en reglas, pero todavía queda mucho por hacer con respecto al respeto de los derechos de propiedad intelectual.

La necesidad de preservar “una comunicación abierta” entre todas las naciones todavía es de vital importancia.

Este artículo fue publicado originalmente en el National Review el 22 de mayo de 2007.

Traducido por Gabriela Calderón para Cato Institute.