6 de mayo de 2008

Ecuador: Desconfiando de la libertad de expresión

Printer-friendly versionSend to friend

por Gabriela Calderón

Gabriela Calderón es editora de ElCato.org, investigadora del Cato Institute y columnista de El Universo (Ecuador).

Guayaquil, Ecuador— En la Asamblea Constituyente se está debatiendo la regulación de los medios de comunicación. Si usted creció —como yo— controlando su control remoto, escogiendo qué periódicos leer y escuchando las radios que le da la gana, hay personas que quisieran hacerlo por usted.

Comencemos por aclarar una distorsión que se ha repetido hasta el cansancio: que la prensa es controlada por la banca. La mayoría de los canales de televisión y de los periódicos más importantes de hecho tienen poco o nada que ver con la banca nacional. Xavier Alvarado de ECUAVISA y el poderoso empresario mexicano de RTS, nunca han tenido un banco. Los Isaías que son dueños de CN3, CN7 y TC Televisión ya no tienen bancos en el país. Solo queda el caso de Fidel Egas con Teleamazonas y ETV Telerama de Eljuri. De los propietarios de los cuatro periódicos más importantes del país —El Universo, El Comercio, Diario Hoy y Expreso— se puede decir que ni uno de ellos ha tenido un interés económico en la banca.

En el caso de que fuera cierto que los banqueros son dueños y controlan la mayoría de los medios de comunicación, ¿qué tiene de malo eso? Dicen los asambleístas que es malo porque ellos reportarán noticias en defensa de sus propios intereses. Sucede que cualquiera que sea dueño de un medio, inclusive el Estado, va a estar sometido a la tentación de hacerlo. Y muchas veces caen y caerán en la tentación. Solo basta con observar TC Televisión o El Telégrafo.

Pero los asambleístas no tienen pleito solo con los banqueros, sino con “los poderes económicos” en general. El problema es que para tener un canal de televisión o un periódico se requiere de un capital considerable, lo que implica que el dueño de un canal o periódico privado probablemente será representante de lo que los asambleístas consideran un “poder económico”.

Se ha dicho también que la prensa no denunció los crímenes de la banca ecuatoriana antes y después de la crisis del 99. Dejando a un lado el hecho de que esto no es cierto con respecto a la gran mayoría de los medios, la función de la prensa no es la de suplantar las autoridades de control y judiciales.

Finalmente tenemos asambleístas que se creen “expertos culturales”. Ellos proponen que por lo menos 40% de la programación esté “basada en la cultura y costumbres nacionales”. Yo me pregunto, ¿quién decidirá si la telenovela El Cholito, por ejemplo, encaja como programa “basado en la cultura y las costumbres nacionales”?1

La verdadera democratización de los medios se está dando a nivel mundial no gracias a la iniciativa de alguna burocracia iluminada, sino gracias a los increíbles avances tecnológicos que han puesto al alcance de cualquiera con un computador la posibilidad de tener su propia bitácora o blog y de emitir sus propios videos en lugares como YouTube. Así se reduce cada vez más el poder que tienen los gobiernos de controlar la información y las fuentes de información son cada vez más diversas. Si una joven blogger cubana, Yoani Sanchez, puede escribir entradas en su bitácora desafiando el sistema totalitario de control de información en ese país,2 pues el futuro de la libertad de expresión es prometedor.

Por ahora, la democracia en los medios se ejerce a través de las ventas y de los ratings. Como consumidores de información, diariamente le comunicamos a los dueños de los medios qué nos gusta y qué no. Ellos están escuchando atentamente, porque se enriquecen cuando acaparan nuestra atención.

Este artículo fue publicado originalmente en El Universo (Ecuador) el 8 de abril de 2008.

Referencias:

1. Mesa 01. Disponible en: http://asambleaconstituyente.gov.ec/blogs/mesa_1/2008/02/20/derechos-de-comunicacion/

2. Generación Y. http://desdecuba.com/generaciony/