9 de julio de 2009
Dinero, mercado y soberanía
por Doug Bandow
Doug Bandow es Académico Titular del Cato Institute.
La era del capitalismo laissez-faire se ha terminado, se dice, como si la era del capitalismo laissez-faire alguna vez empezó en realidad. Aún así, la globalización ha ayudado a abrir mercados alrededor del mundo.
En un momento de crisis económica, Benn Steil y Manuel Hinds han montado una muy bien documentada defensa de la globalización que ellos definen como “la extensión del intercambio económico consensual a través de las fronteras”. Ellos advierten: “Afirmaciones de que los mercados e instituciones financieras, tales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) están violando derechos fundamentales de los estados se dan en gran parte sin ser cuestionadas y tienen un atractivo natural y cada vez mayor para los intereses organizados, quienes están demasiado dispuestos a fortalecer los poderes de los órganos del Estado en nombre de una soberanía perdida”.
Dinero, mercados y soberanía (Money, Markets and Sovereignty) es sorprendentemente fácil de leer, considerando los asuntos complicados que abarca. En este libro, el Sr. Steil y el Sr. Hinds consistentemente cuestionan las panaceas estatistas de hoy.
Los críticos muchas veces tratan a la globalización como si fuese un fenómeno nuevo. Aún así, los autores indican que, “hablando generalmente, la visión de que aumentar las interconexiones económicas y culturales a través del globo es un desarrollo positivo, algo que debe ser promovido en lugar de resistido—tiene un origen mucho más antiguo e históricamente prestigioso de lo que ampliamente se reconoce”.
Los autores exploran la relación entre el “pensamiento global” y “la noción de que los individuos tienen ciertos derechos naturales universales que transcienden la voluntad de los gobernantes”. Esta historia “resalta el hecho de que la mitología comercial de hoy de que la autarquía es el estado natural de las cosas y de que las personas no deberían comprarle productos a extranjeros a menos que el Estado les de permiso—es difícilmente una noción con una historia contundente”.
Particularmente beneficioso ha sido el desarrollo de la ley comercial privada. Pero, indican Steil y Hinds: Muchos críticos de la globalización esperan “prevenir el desarrollo orgánico de la práctica común en el comercio internacional y las expectaciones, para en cambio dictar, de la nada, la forma y la envergadura de las facetas permisibles de la globalización”.
Los autores deshacen varios mitos anti-globalización. Steil y Hinds explican: “Los escritores anti-globalización, contrastan con sus contrapartes pro-globalización porque no atan sus argumentos a la historia de las ideas. No defienden una filosofía; ni endosan algún principio de conducta justa y de hacer leyes. En cambio, sus argumentos están en gran parte basados en defender las visiones de un pasado sublime, ahora siendo suplantado por lo que supuestamente son las nuevas e ilegítimas fuerzas”.
¿Acaso la globalización viola la soberanía?, se preguntan los autores. Si—tal como la soberanía ha sido frecuentemente limitada a lo largo de la historia. Los críticos se quejan acerca del impacto adverso de la libertad para elegir del individuo, un argumento que, Steil y Hinda dicen, muchas veces resulta ser “una invitación abierta al autoritarismo. Es, sin que esto nos sorprenda, firmemente respaldado por los censores estatales chinos”.
Las quejas acerca de la desigualdad de ingresos de hecho reconocen el impacto positivo sobre la pobreza internacional. Los autores explican: “Siguiendo las estrategias sospechosas pro-globalización a lo largo de la última década, el progreso excepcional [de la China y la India] en sacar de la pobreza a cientos de millones ha obligado a los críticos de las políticas económicas orientadas al exterior a redirigir su enfoque de la pobreza hacia la brecha de ingresos”.
La aseveración de que la globalización de alguna manera “destruye naciones” no podría ser “más bienvenida para los gobernadores déspotas de naciones pobres ni menos beneficiosa para los intereses de sus pueblos”. Finalmente, los beneficios de la globalización, los autores dicen, son reales, no solo teóricos; desafortunadamente, los costos muchas veces son más visibles y por lo tanto más políticamente sobresalientes.
Money, Markets and Sovereignty también trata el tema de la “soberanía” monetaria, el creciente control de los estados-naciones sobre el dinero y su valor. Steil y Hinds discuten la creación del dinero, la cual originalmente era en gran parte fundamentada en commodities y sirvió para expandir considerablemente el comercio.
Inclusive mientras los países se movían hacia la emisión de monedas de papel, los principales estados respaldaron sus monedas con oro. Los autores piensan que el dinero basado en commodities es algo bueno, aunque los sistemas defectuosos después de la Primera y Segunda Guerras Mundiales crearon problemas que “eran eminentemente previsibles”—y de hecho no fueron solamente previstos pero bulliciosamente advertidos por unas pocas almas”. El Presidente Nixon acabó con la convertibilidad de los dólares al oro en 1971, dejando a EE.UU. solamente con dinero “fiat”—esto es, dinero cuyo valor es fijado por el gobierno.
El resultado no ha sido bonito. Mientras que Steil y Hinds escriben, gran parte del desorden económico internacional que ha “llegado a darse está siendo una vez más endilgado a la falta de soberanía económica—esto a pesar del hecho de que era un resultado predecible y que fue previsto—de un retorno a la soberanía económica en la esfera monetaria”.
Anteriormente, la liberalización comercial y monetaria habían tendido a moverse juntas. En los años recientes, el comercio ha sido cada vez más liberado mientras que el dinero cada vez ha sido más regulado.
En teoría los políticos junto con los economistas a bordo, “podían sistemáticamente pasarse de listos con el mercado, haciéndolo danzar a su ritmo. Mediante las manipulaciones de las variables monetarias, tales como la tasa de la creación monetaria, la tasa de interés nominal, y el tipo de cambio, ellos podían mejorar de una manera durable el desempeño de la economía real”. Desafortunadamente, el gobierno en gran parte ha fracasado.
Steil y Hinds cierran con un discurso acerca del futuro del dólar. Advierten: “Hay poco fundamento para asumir que esta prima [sobre los activos denominados en dólares] persistirá, que los inversionistas definitivamente sacrificarán un retorno comparado con las inversiones denominadas en otras monedas creíbles”. Para restringir la manipulación de la moneda en Washington, los autores proponen “un marco legal renovado para la Fed, uno que explícitamente reconozca el rol global del dólar y la dependencia de la economía estadounidense de la confianza extranjera en el dólar”.
Más generalmente, ellos sostienen que es crítico resistir ataques a la globalización. Desde su punto de vista, el asunto no es tan filosófico, aunque la globalización refleje ideas profundamente enraizadas en la experiencia del Occidente. El asunto principal es práctico. Steil y Hinds advierten: “Revertir el liberalismo económico por la causa de recuperar la ‘soberanía’ es una receta muy bien documentada para obstaculizar la creación de riqueza, hacer que permanezca la pobreza, y aumentar los conflictos internacionales”.



























Promueva ElCato.org
ElCato en Twitter
ElCato en Facebook
Colección Milton Friedman
Premio Friedman