Cuando Sandy golpeó a Cuba

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Cuando Sandy golpeó a Cuba

5 de Noviembre de 2012
Mary Anastasia O'Grady es editora de la columna de las Américas del Wall Street Journal.

Un día después de que pasara Sandy, el peor ciclón extratropical que ha golpeado a Nueva York, caminé por la parte sur de Manhattan preparada para encontrar una devastación apocalíptica. En lugar de eso, el World Financial Center estaba limpio, seco y bien iluminado. Dentro del complejo de edificios de oficinas, la pastelería de lujo Financier y la farmacia Rite-Aid estaban abiertas. Al igual que un supermercado en una calle aledaña. Al frente, trabajadores estaban descargando un pedido de yogures, queso cottage y crema agria. Los taxis hacían fila en la esquina a la espera de pasajeros.

Es cierto que el sistema de metro operado por el gobierno había suspendido el servicio. También es cierto que las zonas costeras de Nueva Jersey, Long Island, Queens, Brooklyn y Staten Island sufrieron tragedias indescriptibles. Pero en algunas partes, como Manhattan, las penurias fueron menos de lo que podía esperarse. Se lo atribuyó a los arquitectos, productores de acero, agricultores, importadores de neumáticos, carniceros, panaderos, fabricantes de velas y muchos otros que gracias a su ilustrado interés personal alojaron, alimentaron y suministraron comodidad justo después de la tormenta.

Camino a casa pensé en las personas al oriente de Cuba, que fueron golpeadas por Sandy unos días antes que los neoyorquinos. No consideraba las raíces de la riqueza y la pobreza en sí. Obviamente, las economías de mercado, con sus derechos de propiedad y sus incentivos por ganancias hacen un trabajo infinitamente mejor que otros sistemas económicos para proteger a las personas de los desastres naturales. No hay nada nuevo acá. Pero los informes desde Cuba son desalentadores más allá de las historias habituales de lo que pasa cuando un huracán golpea casas rudimentarias. Hay historias que ilustran, nuevamente, la crueldad e inhumanidad flagrante de la dictadura hacia los cubanos.

Sandy asoló el extremo oriental de la isla. La bloguera Yoani Sánchez escribió acerca de "el viento, los techos volando, las fuertes lluvias y los árboles que caían sobre calles y casas". Los residentes, dice ella, lograrán sacarse de la cabeza "la primera noche, después del desastre, en que desde la maltrecha cama o desde el desvencijado sofá comprobaron que nada separaba sus rostros de la noche estrellada. Hay quienes lo perdieron todo, que no era mucho", cuenta a través de su blog Generación Y.

La prensa internacional ha cubierto ampliamente el daño causado por Sandy en Haití, pero el diario británico Telegraph informó que, según la Cruz Roja, Cuba fue mucho más golpeada. En Haití, señala el periódico, "17.000 personas fueron evacuadas y miles de hogares destruidos". Entretanto, en Cuba, "75.000 personas han quedado sin hogar, con 15.000 viviendas destruidas". Las escuelas, los hospitales y las tiendas están en ruinas, y el sector agrícola de la zona oriental de la isla quedó muy dañado. Hubo 11 muertos y las enfermedades todavía podrían elevar ese número.

Casi 54 años después de la llamada gloriosa revolución, que triunfó primero en el este de Cuba, la región es una vergüenza para el régimen. A la gente de "oriente" se le prometió justicia y bienestar. En cambio, viven en la pobreza y el aislamiento.

En los últimos años la prensa independiente de Cuba ha informado sobre brotes de cólera y fiebre del dengue en la región, pero la dictadura parecía más interesada en mantener la noticia en secreto que lidiar con el problema.

Los disidentes Oswaldo Payá y Harold Cepero estuvieron viajando por la zona, al parecer con la intención de llamar la atención sobre el problema del cólera, cuando murieron en un accidente automovilístico a principios de este año. El régimen rechazó los pedidos de las familias para realizar una investigación independiente del accidente.

Los periodistas independientes han relatado la incapacidad del Estado cubano en la crisis del huracán Sandy. Informaron que las advertencias meteorológicas del gobierno no advirtieron sobre la naturaleza catastrófica de la tormenta, y ahora los periodistas se hallan cubriendo el fallido manejo del desastre. Los alimentos, incluido el pan, son escasos, y los residentes desplazados no tienen dónde resposar sus cabezas.

Muchos cubanos, a pesar de su propia privación, reconocen que Sandy ha impuesto una extraordinaria carga sobre el oriente del país. "Así que son tiempos de redoblar la solidaridad, de remangarse la camisa y ayudar a levantar nuevamente una vivienda, de dividir el pedazo de pan y volcarse en contribuir con esos cubanos lastimados que Sandy dejó a su paso", escribió Sánchez.

Al régimen no le gustan los esfuerzos privados de ese tipo. Algunos disidentes que trataban de organizar los esfuerzos de auxilio han sido detenidos, según informes de la prensa independiente. A otros disidentes se les ha negado el derecho a registrar su falta de vivienda en el Estado. Los defensores de las víctimas de la tormenta han pedido a la dictadura militar dejar sin efecto los impuestos aduaneros sobre los productos alimenticios, medicinales y de construcción provenientes de donantes internacionales. Sin embargo, facilitar la importación de bienes podría no ser de gran ayuda. Una integrante de las Damas de Blanco, un grupo opositor reconocido internacionalmente, acusó al Estado cubano de vender de todos modos las donaciones provenientes del extranjero, presumiblemente a los locales que tienen acceso a dinero en efectivo.

Los cubanos quieren ayudarse unos a otros. Pero eso implica un intento de recuperar la sociedad civil, que evoluciona a través de las organizaciones de base. La dictadura teme ese tipo de actividad, percibiéndola como una amenaza. Es mejor ver al pueblo cubano aniquilado que arriesgarse a perder el poder asegurado. Esto, y no los ladrillos y el mortero del World Trade Center, es lo que hace tan diferente la experiencia cubana con Sandy.

Este artículo fue publicado originalmente en The Wall Street Journal (EE.UU.) el 4 de noviembre de 2012.