8 de noviembre de 2007
¿Continuará la bonanza en las Filipinas?
por Steve H. Hanke
Steve H. Hanke es profesor de economía aplicada en la Universidad Johns Hopkins y Senior Fellow del Cato Institute.
Un economista es “alguien que ve algo suceder y se pregunta si aquello funcionaría en teoría”, como Ronald Reagan solía decir. El viejo dicho es cierto en gran parte. De hecho, la obsesión de los economistas en perseguir una teoría los ha llevado a un atolladero, muy apartado de la realidad.
Lo que ha faltado en el discurso económico de hoy es el concepto de la confianza que los consumidores y los inversionistas tienen en el gobierno y en la economía de una nación. Esto no siempre fue asi. Como el Sr. de Cambridge John Maynard Keynes lo dijo: “La confianza en el estado, como ellos le llaman, es una cuestión a la que los hombres prácticos le prestan gran parte de su ansiosa atención”. Otro economista de Cambridge de su época, Frederick Lavington, identificaba la confianza como el componente clave del ciclo de negocios. En su libro de 1922, El ciclo comercial (The Trade Cycle), describió que “la tendencia de que la confianza se vuelva en errores de optimismo o pesimismo”, lo cual desencadena bonanzas y caídas tremendas.
Al ignorar el factor confianza, la teoría económica puede derivar en conclusiones salvajemente incorrectas y políticas mal concebidas. Solo considere la ingenua teoría fiscal Keynesiana —como aquellas teorías presentadas en libros de texto que son aceptadas por gran parte de los hacedores de política y el público en general. De acuerdo a la teoría Keynesiana, una política fiscal expansionista (un aumento en el gasto público y/o una reducción de impuestos) estimula la economía, por lo menos por uno o dos años después de que se da el estímulo fiscal. Para ponerle los frenos a la economía, los Keynesianos aconsejan una contracción fiscal.
Un multiplicador fiscal positivo es la clave de la teoría fiscal Keynesiana porque es mediante este multiplicador que los cambios en el balance presupuestal son transmitidos a la economía. Con un multiplicador positivo, hay una relación positiva entre los cambios y el balance fiscal y el crecimiento económico: los déficits más grandes estimulan el crecimiento y los más pequeños desaceleran las cosas.
Hasta ahí llega la teoría. ¿Qué sucede en el mundo real? Considere un país con un gran déficit presupuestal. Como resultado, los participantes del mercado podrían estar preocupados de que una flexibilización fiscal aún mayor resultaría en más inflación, un riesgo más alto y tasas de interés aún más altas. En tal situación, los multiplicadores fiscales podrían ser negativos. La expansión fiscal podría entonces perjudicar la actividad económica y una contracción fiscal podría aumentar la actividad económica. Estos resultados serían precisamente lo opuesto a aquellos previstos por la ingenua teoría fiscal de Keynes.
La posibilidad de un multiplicador fiscal negativo se debe al rol central que desempeñan la confianza y las expectativas respecto a la dirección de las medidas que se tomarán a futuro. Si, por ejemplo, un país con un déficit presupuestario muy considerable y un alto nivel de deuda se compromete creíblemente a reducir considerablemente ese déficit, un shock de confidencia podría hacer que la economía despegue hacia una bonanza, mientras que las expectaciones de inflación, el riesgo y las tasas de interés a largo plazo se reducen.
Han habido muchos casos en los que los multiplicadores fiscales negativos se han dado. La estabilización irlandesa de 1987-89 es notable. Los déficits fiscales que precedieron al apretamiento fiscal irlandés eran claramente insostenibles y el riesgo y las tasas de interés eran extremadamente altos. Un shock de confianza acompañado de un apretamiento de la política fiscal y de los multiplicadores negativos en juego, logró que la economía irlandesa despegue. Aprovechando la primera ola de confianza y crecimiento, Irlanda introdujo una serie de reformas liberales y se ha convertido en el Tigre Irlandés. Para acomodar su acelerado crecimiento, Irlanda, un tradicional exportador de trabajadores, se ha convertido en un importador.
Margaret Thatcher también logró generar confianza y crecimiento con un apretamiento fiscal. Para revigorizar la economía en 1981, Thatcher se embarcó en un ataque feroz al déficit británico y adoptó una política monetaria expansionista. Sus medidas fueron inmediatamente condenadas por 364 economistas distinguidos de ese entonces. En una carta al Times, ellos escribieron una respuesta impulsivamente Keynesiana: “Las medidas presentes solo profundizarán la depresión, erosionarán la base industrial de nuestra economía y amenazan la estabilidad social y política”. Thatcher fue reivindicada inmediatamente. Ni bien colocaron su firma los 364 economistas y la economía ya estaba creciendo. Las personas tenían confianza en Gran Bretaña nuevamente y Thatcher pudo introducir una serie de reformas liberales de gran envergadura.
Esto nos trae a las Filipinas. La Presidenta Arroyo llegó al poder en 2001. Ella había heredado un desastre fiscal, aquel que va acompañado de multiplicadores negativos. La consolidación fiscal rápidamente se volvió la principal preocupación, con el déficit del presupuesto cayendo de 5,3% del PIB en 2002 a un 1% (proyectado) para este año. Como en el caso irlandés e inglés, un shock de confianza y el crecimiento económico han resultado del apretamiento fiscal de Arroyo.
¿Continuará la bonanza en las Filipinas? No sin reformas económicas más profundas. A un nivel fundamental, la economía filipina es disfuncional y no produce suficientes trabajos. Aquello explica por qué arroja (exporta) una cantidad tan grande de su fuerza laboral. De acuerdo a la Comisión de filipinos en el Extranjero, más de 8 millones de filipinos están trabajando en países extranjeros. Aquello constituye 21% de la fuerza laboral filipina, y en el 2006 ellos enviaron a casa $24,7 mil millones, 56% de las exportaciones filipinas.
Para más evidencia del largo camino de reformas que le queda por recorrer a la Presidenta Arroyo, considere el resultado del más reciente estudio del Banco Mundial Haciendo Negocios 2008 (ver cuadro). De los 178 países incluidos, las Filipinas tiene un ranking muy malo. Aún más preocupante es el hecho de que sus rankings no han mejorado en el último año. Si en algo se ha movido, es para mal.
Si la Presidenta Arroyo no aprovecha el shock positivo de confianza fiscal con una serie de reformas estructurales sólidas, las Filipinas continuará siendo uno de los exportadores de trabajadores más importantes del mundo y su economía seguirá siendo vulnerable.

Este artículo fue publicado originalmente en la revista Forbes (EE.UU.) en noviembre de 2007.



























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