¿Conduce a la prosperidad el gasto estatal?

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¿Conduce a la prosperidad el gasto estatal?

16 de Enero de 2002
Richard W. Rahn es Director del Center for Economic Growth y académico asociado al Cato Institute.

¿Cuántas veces ha oído decir que si se aumenta el gasto público podrán crearse más puestos de trabajo? Por décadas, los economistas socialistas y keynesianos apoyan más gasto público, bajo la promesa de que tales programas reducirán el desempleo y promueven el crecimiento económico.

Si fuera cierto, todos podríamos vivir en un paraíso económico. Lo malo es que si el gobierno gasta más, otros tendrán menos para gastar, ya que el gobierno solamente puede obtener el dinero que gasta a través de impuestos, pidiendo prestado o inflando la moneda. Con inflación, la gente es más pobre porque su dinero vale menos. De cualquier manera que el gobierno financie el gasto, el resultado siempre es que una idéntica cantidad de dinero fue sacada del bolsillo de los ciudadanos.

Se argumenta que el gobierno debe construir viviendas porque así no sólo más gente tendría casa sino que se crea empleo, al dársele trabajo a albañiles, carpinteros, fontaneros, electricistas, etc. Señalan que también se beneficia a los fabricantes de ladrillos, tejas y demás materiales de construcción. Cierto, podemos entonces ver a toda esa gente trabajando, pero ¿y lo que no se ve?

Lo que no se ve es que entonces el gobierno aplica impuestos para pagar los salarios de quienes construyen las viviendas. Si la casa cuesta 100.000 dólares, el gobierno tiene que obtenerlos de los contribuyentes, lo que significa que éstos dispondrán de 100.000 dólares menos para invertir en el sector inmobiliario privado, o en la compra de un auto, o en la comida para los niños, etc.

En el sencillo ejemplo anterior, se asume que no hay un costo en extraer los impuestos del contribuyente para construir la casa. Pero en el mundo real, ese costo escondido es considerable. El contribuyente tiene que invertir tiempo para informarse de los impuestos y llenar los formularios para pagarlos, tiempo que entonces no puede dedicar a labores productivas. Este esfuerzo añadido a la merma de sus ingresos por los impuestos puede desalentar en tal grado al contribuyente que termina trabajando menos, reduciendo tanto sus propios ingresos como los de la nación. Además está el costo de la burocracia que cobra los impuestos y la otra que administra las obras de construcción.

Después de tomar en cuenta todos esos costos, lo único que logra el gobierno es reemplazar una casa más barata construida por el sector privado por otra más costosa construida por el sector gubernamental. Es decir que para que el gobierno pueda construir una casa de 100.000 dólares tiene primero que extraerle al sector privado unos 140.000 dólares para cubrir sus gastos fijos y burocráticos.

Entonces, todos vemos la casa de 100.000 dólares que construyó el gobierno, pero no vemos el desempleo de todos aquellos obreros que no trabajaron construyendo la casa de 140.000 dólares que dejó de construir el sector privado. En conclusión, el gasto gubernamental resultó en menos -no en más- empleo, la calidad del producto terminado fue inferior y la gente se empobreció.

Se argumenta que el gobierno emplea el dinero de la gente de manera más sensata que los propios ciudadanos. Se aducen ejemplos de gente que derrocha tiempo y dinero comprando artículos que no necesita, como autos "demasiado grandes", joyas y vestidos "demasiado caros", yates, vacaciones de lujo, etc. Nos dicen que el gobierno emplearía mejor ese dinero en asistencia sanitaria, vivienda, transporte, etc. ¿Es eso cierto? Gran parte del sistema público de salud es un desastre del que huyen todos los que pueden, prefiriendo pagar por la medicina privada. Muchos proyectos de vivienda pública son horribles, están mal administrados y atraen la delincuencia. La mayoría de los sistemas de transporte público requiere subsidios enormes para poder seguir funcionando y en las oficinas estatales hay exceso de personal si se compara con servicios similares del sector privado.

También hay más corrupción en los países con más empleados públicos. La razón es obvia: cuanto más regulación y más trámites burocráticos, más oportunidades tienen los funcionarios del gobierno en dispensar favores y privilegios a cambio de sobornos.

Pero más grave que el despilfarro de los programas estatales es la pérdida de libertad que representan los impuestos excesivos que sostienen una abultada burocracia que restringe, encarece y dificulta el trabajo de la gente. La sociedad civil requiere del gobierno para la defensa, la seguridad pública, la protección de la propiedad privada y asegurar la igualdad ante la ley. Pero a medida que crece el gobierno más se descuidan esas obligaciones fundamentales.

En el siglo XX, el mundo ensayó casi todas las formas de gobierno y de sistemas económicos imaginables. Los resultados están a la vista. Sólo las democracias y gobiernos limitados que respetan la propiedad y donde funciona el libre mercado, la gente disfruta hoy de libertad individual y de altos niveles de vida.