El argentino hallaría su símbolo en el gaucho y no en el militar, porque el valor cifrado en aquel por las tradiciones orales no está al servicio de una causa y es puro. El gaucho y el compadre son imaginados como rebeldes; el argentino a diferencia de los americanos del Norte y de casi todos los europeos, no se identifica con el Estado. Ello puede atribuirse al hecho general de que el Estado es una inconcebible abstracción; lo cierto es que el argentino es un individuo, no un ciudadano.
Jorge Luis Borges, "Evaristo Carriego" en Obras completas I (Barcelona: Emecé Editores, 1996), p. 162.
El más urgente de los problemas de nuestra época (ya denunciado con profética lucidez por el casi olvidado Spencer) es la gradual intromisión del Estado en los actos del individuo; en la lucha contra ese mal, cuyos nombres son comunismo y nazismo, el individualismo argentino, acaso inútil o perjudicial hasta ahora, encontrará justificación y deberes.
Jorge Luis Borges, "Nuestro pobre individualismo" en Obras completas II (Barcelona: Emecé Editores, 1996), p. 37.
Soy un cosmopolita que atraviesa fronteras porque no le gustan.
Jorge Luis Borges, La gaceta del Fondo de Cultura Económica (México, No. 8, agosto de 1986), p. 92, en Fernando Mateo, El otro Borges (Buenos Aires: Editorial Equis, 1997).



























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