En cierto sentido, a lo largo de la historia no han existido más que dos filosofías políticas: libertad y poder. O bien se debería disponer de libertad para vivir la vida como se desee, siempre y cuando se respeten los derechos iguales de los otros, o bien se debería otorgar a algunos la facultad de utilizar la fuerza y obligar a otros a actuar de una forma distinta a la que elegirían por voluntad propia.
David Boaz, Liberalismo, una aproximación. (Madrid: Gota a Gota, 2007).
...la muchedumbre es una entidad ficticia, lo que realmente existe es cada individuo.
Jorge Luis Borges y Osvaldo Ferrari, En Diálogo I (Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1985), p. 36.
...para mí el Estado es el enemigo común ahora; yo querría —eso lo he dicho muchas veces— un mínimo de Estado y un máximo de individuo. Pero, quizá sea preciso esperar . . . no sé si algunos decenios o algunos siglos —lo cual históricamente no es nada—, aunque yo, ciertamente no llegaré a ese mundo sin Estados. Para eso se necesitaría una humanidad ética, y además, una humanidad intelectualmente más fuerte de lo que es ahora, de lo que somos nosotros; ya que, sin duda, somos muy inmorales y muy poco inteligentes comparados con esos hombres del porvenir, por eso estoy de acuerdo con la frase: 'Yo creo dogmáticamente en el progreso'.
Jorge Luis Borges y Osvaldo Ferrari, En diálogo I (Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1985), p. 220.
Desdichadamente para los hombres, el planeta ha sido parcelado en países, cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias, de una mitología particular, de derechos, de agravios, de fronteras, de banderas, de escudos y de mapas. Mientras dure este arbitrario estado de cosas, serán inevitables las guerras.
Pilar Bravo y Mario Paoletti, Borges verbal (Buenos Aires: Emecé, 1999), p. 147.
El más urgente de los problemas de nuestra época (ya denunciado con profética lucidez por el casi olvidado Spencer) es la gradual intromisión del Estado en los actos del individuo; en la lucha contra ese mal, cuyos nombres son comunismo y nazismo, el individualismo argentino, acaso inútil o perjudicial hasta ahora, encontrará justificación y deberes.
Jorge Luis Borges, "Nuestro pobre individualismo" en Obras completas II (Barcelona: Emecé Editores, 1996), p. 37.
Las masas son una entidad abstracta y posiblemente irreal. Suponer la existencia de la masa es como suponer que todas las personas cuyo nombre empieza con la letra 'b' forman una sociedad.
Pilar Bravo y Mario Paoletti, Borges verbal (Buenos Aires: Emecé, 1999), p. 179.
...se empieza por la idea de que el Estado debe dirigir todo; que es mejor que haya una corporación que dirija las cosas, y no que todo 'quede abandonado al caos, o a circunstancias individuales'; y se llega al nazismo o al comunismo, claro. Toda idea empieza siendo una hermosa posibilidad, y luego, bueno, cuando envejece es usada para la tiranía, para la opresión.
Jorge Luis Borges y Osvaldo Ferrari, En diálogo II (Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1998), p. 207.
Yo creo que solo existen los individuos: todo lo demás, las nacionalidades y las clases sociales, son meras comodidades intelectuales.
Jorge Luis Borges, Revista Siete Días (Argentina), 23 de abril de 1973, Año VI, no. 310, pp. 55-59, en Fernando Mateo, El otro Borges (Buenos Aires: Editorial Equis, 1997).
El imperio de la multitud no es menos tiránico que el de un hombre solo y esta tiranía es tanto más cruel cuanto que no hay monstruo más terrible que esa fiera que toma la forma y nombre del pueblo.
Marco Tulio Cicerón (c.50 AC/1960), Tratado de la República. (Buenos Aires: Editorial El Ateneo).
Hay un límite a la intervención legítima de la opinión colectiva en la independencia individual; encontrarle y defenderle contra toda invasión es tan indispensable a una buena condición de los asuntos humanos, como la protección contra el despotismo político.
John Stuart Mill, extracto de Sobre la libertad [en línea, disponible en http://www.elcato.org/node/1245; internet; accesado el 31 de julio de 2008].
En los motines que la escasez provoca suelen las masas populares buscar pan, y el medio que emplean suele ser destruir las panaderías. Esto puede servir como símbolo del comportamiento que en más vastas y sutiles proporciones usan las masas actuales frente a la civilización que las nutre.
José Ortega y Gasset, La rebelión de las masas. (Barcelona: Círculo de Lectores, 1983), p. 57.
Uno y otro —bolchevismo y fascismo— son dos seudoalboradas; no traen la mañana de mañana, sino la de un arcaico día, ya usado una o muchas veces; son primitivismo.
José Ortega y Gasset, La rebelión de las masas. (Barcelona: Círculo de Lectores, 1983), p. 85.



























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