China crece "más rápido, más alto, más fuerte"

Por James A. Dorn

Desde una perspectiva económica no hay un país que mejor represente el lema olímpico –más rápido, más alto, más fuerte- que China. Durante los últimos 30 años de su apertura al mundo y su liberalización económica, China ha crecido hasta convertirse en la tercera nación más importante para el comercio mundial y en la cuarta economía mundial. Además, el incremento en la libertad económica ha aumentado el rango de decisiones personales y le ha dado a millones de personas la oportunidad de salir del sector estatal y “saltar hacia el mar de la empresa privada”.

Durante la Revolución Cultural, dominaba el centralismo, el capitalismo era un crimen, y Mao Zedong hizo un llamado a la gente para “golpear con fuerza hasta a la más leve señal de propiedad privada”. Hoy en día, casi todos los precios son fijados por la demanda y la oferta del mercado, los capitalistas pueden formar parte del Partido Comunista de China y la República Popular China proclama en su constitución, “La propiedad privada obtenida legalmente es inviolable”.

La Ley de Propiedad, promulgada en el 2007, da una mayor protección al sector privado y a los derechos individuales de propiedad. Esa legislación refleja la influencia política de la creciente clase media y de empresarios privados quienes tienen interés en una continua liberalización económica, lo que les ha permitido un estilo de vida que pocos habrían soñado con tener, tan solo hace un corto tiempo. Millones de personas ahora disfrutan de la privacidad en sus hogares y autos, la libertad de viajar y los enormes beneficios de los celulares y el Internet.

Mientras en China ganaría una medalla de oro por su desempeño económico desde 1978, claramente no fuera medallista en la búsqueda de la libertad personal. Pero tampoco estuviera en el último puesto. En 1995, la periodista china Jianying Zha en su libro China Pop asevera que “Las reformas económicas han creado nuevas oportunidades, nuevos sueños y en cierta medida una nueva atmósfera y nuevas actitudes… Hay una sensación creciente de mayor espacio para la libertad personal”. Muchos estarían de acuerdo.

Hubiese sido tonto enfocarse solo en los defectos de China sin reconocer el progreso que mejora la vida de la gente –el progreso debido a la eliminación de restricciones en las decisiones económicas y personales, y no debido al centralismo. En particular, la globalización y la revolución de la información han jugado papeles cruciales en el desarrollo de China. Sin los beneficios del comercio, China fuera pobre todavía.

El paso lento de la reforma política y la violación de los derechos humanos debería ser de gran preocupación, pero utilizar sanciones comerciales contra China para que esta promueva los derechos humanos tendría el efecto contrario. A diferencia del comercio, el proteccionismo niega a los individuos la libertad para expandir sus alternativas efectivas, limitando así sus decisiones. Las sanciones fortalecerían el nacionalismo económico, perjudicado a los consumidores estadounidenses, y le daría más fuerza a los conservadores en Pekín.

No tiene sentido usar un instrumento tan obtuso en un intento de “avanzar” en cuanto a derechos humanos en China cuando el comercio en sí es un derecho humano importante. En lugar de ello, EE.UU. puede ayudar a los chinos continuando su política de interacción y evitando un proteccionismo destructivo.

El comercio incrementa la riqueza de las naciones y reduce el riesgo de conflicto. Hong Kong, la economía más libre del mundo, aprendió hace mucho tiempo los beneficios del comercio internacional y del estado de derecho. Su estrategia de desarrollo –“estado pequeño, mercado grande”- ha influenciado claramente a la China continental y el “virus de la libertad” se está propagado.

El desafío de la nueva generación de líderes de China es el de continuar en el sendero del “desarrollo pacífico” y no dejar que la política obstaculice el mercado. Si China pretende prosperar y convertirse en la mayor economía mundial, Pekín necesita dejar que se marchite el socialismo de mercado y que florezca el liberalismo de mercado. Esa transformación requerirá un sistema transparente y legal que proteja por completo los derechos de las personas a la vida, la libertad y la propiedad.

Para ayudar a China a lo largo de ese proceso, EE.UU. debería continuar su Diálogo Económico Estratégico iniciado por los presidentes Bush y Hu Jintao. Otros dos pasos positivos serían terminar la discriminación contra China en los casos de antidumping reconociendo a la República Popular China como una economía de mercado y admitir a China al G-8 como un poder normal en crecimiento. Esos actos de amistad reasegurarían a Pekín que EE.UU. le da la bienvenida al crecimiento de China y no la ve como un enemigo inevitable. Al mismo tiempo no debemos ignorar las violaciones a los derechos humanos que ocurren y el uso de la presión diplomática para ayudar a llevar a China hacia un legítimo Estado de Derecho.

Mientras los turistas admiran la asombrosa arquitectura en Pekín y otras ciudades, no deben olvidarse que lo que cuenta a largo plazo no es la infraestructura física sino las instituciones formales e informales que limitan el poder del gobierno y realzan la libertad.

Finalmente, el pueblo chino debe determinar la forma de sus instituciones gubernamentales y de otro tipo, pero EE.UU. puede ayudar sosteniendo los mismos principios liberales de mercado que quiere que China adopte. Al final del día, adhiriéndose a una agenda de libre comercio, el gobierno estadounidense podría mostrarle al pueblo chino que los estadounidenses practican lo que predican.