18 de octubre de 2011

¿Chávez se ha convertido en el títere de China en América Latina?

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por Gustavo Coronel

Gustavo Coronel fue director de Petróleos de Venezuela (1976-79) y representante en Venezuela de Transparencia Internacional (1996-2000) y autor del estudio "Corrupción, administración deficiente y abuso de poder en la Venezuela de Hugo Chávez" publicado por el Cato Institute (Noviembre 2006).

La obsesión anti-EE.UU. de Hugo Chávez lo ha llevado a los brazos de China. Si no fuese tan verdaderamente trágico, esto podría parecer material para una telenovela: la rencorosa mujer rechazada por un amante que luego se entrega a un pretendiente rico.

China ya es el segundo socio comercial de Venezuela y Chávez ha hecho todo para atar su régimen al de China. A esto se lo podría denominar como la conexión “CHI-CHA”. Él ha obtenido de China cantidades importantes de dinero, promesas de más dinero por venir y asistencia técnica, sumando alrededor de $80.000 millones durante los últimos cuatro años.

Aquí está la cantidad desglosada: $32.000 millones en préstamos, algunos en dólares, otros en yenes, no todos entregados en efectivo; financiamiento de $4.000 millones para armas y aviones; una promesa por parte de China de invertir $40.000 millones en la reserva  de crudo pesado que se encuentra en la faja del Río Orinoco (que aún no se ha materializado) y alrededor de $4.000 millones en asistencia técnica para la construcción de ferrocarriles, puertos y vivienda, así como también para la minería, la agricultura y la tecnología del espacio.

En su excelente trabajo Evan Ellis (“China’s cautious economic and strategic gamble in Venezuela”, China Brief, Volumen XI, Septiembre de 2011), asevera que la asociación con China le ha dado a Chávez dinero muy necesitado sin el requisito de transparentar la administración de este.

Como era de esperarse, los chinos han demandado cada vez más que Chávez adquiera sus productos y servicios. Unos 300.000 electrodomésticos hechos en China, congeladores y productos similares han sido comprados. Otros contratos incluyen la construcción de 26.000 casas con la empresa china CITIC, un proyecto de $7.500 millones para construir un ferrocarril, unos $470 millones en proyectos de minería, la adquisición de aviones comerciales y militares, un satélite y equipos de radar por $500 millones. De acuerdo a Ellis, el número de proyectos en conjunto ronda los 140.

Tal asociación le ha dado al régimen de Chávez oxígeno temporal pero también lo ha hecho más vulnerable y dependiente. Venezuela tendrá que pagarle a China con la producción futura de petróleo, unos 200.000 barriles diarios durante los próximos 10 años o más. Depender demasiado de los chinos ha puesto a Chávez en una posición especialmente vulnerable, dado que la salida de China de Venezuela podría derivar en el colapso político de Chávez.

¿Por qué China retiraría su respaldo a Chávez? Porque Chávez podría dejar de satisfacer las necesidades de China: petróleo y un vehículo político conveniente para expandir su presencia en Latinoamérica. En otras palabras, Chávez se ha convertido en un títere político de China en el Hemisferio Occidental.

La principal amenaza a esta conexión “CHI-CHA” sería un cambio de gobierno en Venezuela, algo que parece ser no solamente posible sino también probable a corto plazo. Un gobierno nuevo y democrático, podría considerar que algunas de las características de la relación China-Chávez claramente no benefician al interés nacional e incluso considerarlas inconstitucionales. Un gobierno nuevo podría denunciar esta asociación, poniendo en peligro el dinero de China y sus objetivos en Venezuela.

Otro obstáculo podría ser la postura de EE.UU. frente a esta relación. En el caso de que haya grandes reparos por parte de EE.UU., China podría tener que reducir su participación o salir completamente del país, dado que EE.UU, en un sentido geopolítico, es claramente más importante para China que Venezuela.

Como están las cosas hoy, Chávez se ha convertido en un títere de China en América Latina.

Este artículo fue publicado originalmente en The Latin American Herald Tribune (EE.UU.) el 10 de octubre de 2011.