17 de mayo de 2012

Celebrando el progreso

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por Marian Tupy

Marian L. Tupy es analista de políticas públicas del Centro para la Libertad y la Prosperidad Global del Cato Institute.

"La batalla por alimentar a toda la humanidad ha terminado. En la década de 1970, cientos de millones de personas morirán de hambre, sin importar los programas improvisados que emprendamos ahora. A estas alturas, nada podrá evitar un aumento sustancial en la tasa de mortalidad mundial".  Así comienza el libro de 1968 del profesor Paul Ehrlich de la Universidad de Stanford. Desde que estas, ahora infames, palabras fueron escritas, la población mundial se ha duplicado de 3.500 millones a 7.000 millones, el ingreso promedio anual ajustado a la inflación ha aumentado de $3.147 a $5.997, y la expectativa de vida al momento del nacimiento ha aumentado de 59 años a 69 años.

La ingesta calórica mundial diaria por persona ha aumentado de un promedio de 2.610 en 1990 a 2.790 en 2006. Ese incremento no fue causado únicamente por las personas más pesadas de Occidente. En África subsahariana, la ingesta calórica aumentó de 2.290 a 2.420 en solo 16 años. Para poner estas cifras en perspectiva, el Departamento de Agricultura de EE.UU. recomienda que los hombres adultos consuman entre 2.000 y 2.500 calorías diarias y las mujeres entre 1.800 y 2.300 calorías por día.

A menudo vista como un caso desesperado, África ha logrado otros avances significativos. A pesar de las guerras, la terriblemente mala gestión económica y los estragos del SIDA, la población del continente se ha triplicado —de 280 millones a 854 millones— desde 1996, y la expectativa de vida ha aumentado de 44 a 54 años.

Según la última investigación del Banco Mundial, la pobreza mundial está disminuyendo rápidamente. En 1981, el 70% de los habitantes de los países pobres vivía con menos de $2 por día, mientras que 42% sobrevivía con menos de $1 diario. Hoy en día, el 43% vive con menos de $2 por día, mientras que 14% subsiste con menos de $1 diario. "Una reducción de la pobreza de esta magnitud no tiene precedente en la historia", escribieron los investigadores de Brookings Institution Laurence Chandy y Geoffrey Gertz en una reciente publicación. "Nunca antes habían salido tantas personas de la pobreza en un período tan corto de tiempo".

No solo el bienestar material está mejorando. Una investigación pionera del profesor Steven Pinker de la Universidad de Harvard revela una disminución en la violencia física. De acuerdo con el Sr. Pinker, "la violencia ha estado en declive por miles de años, y hoy podemos estar viviendo en la era más pacífica de la existencia de nuestra especie". De hecho, estudios han demostrado que las sociedades basadas en la caza experimentaban 524 muertes violentas por cada 100.000 habitantes. La tasa de muertes violentas en el siglo XX, que fue devastado por guerras, era de solo 60 por cada 100.000. Para citar al primer ministro británico Harold Macmillan (1957), "nunca habíamos estado tan bien".

La evidencia histórica genera importante evidencia para lo que el escritor Matt Ridley llamó "el optimismo racional". El optimismo, por desgracia, es lo último que se puede encontrar en un nuevo documental producido por Martin Scorsese, que se estrenó en los cines estadounidenses el 6 de abril. Llamado Sobreviviendo el progreso (Surviving Progress), la película repite muchas de las ideas que apocalípticos como el Sr. Ehrlich han estado vendiendo desde hace algún tiempo —incluyendo los peligros de la sobrepoblación, exceso de consumo, destrucción de los recursos naturales, la codicia capitalista y el declive cultural.

Si la acogida a las anteriores películas apocalípticas —como Soylent Green o An Inconvenient Truth— es un punto de referencia, Sobreviviendo el progreso será aclamada por la crítica y vista por muchos. Lo que plantea una pregunta interesante: ¿Por qué como especie estamos tan dispuestos a creer en escenarios apocalípticos que realmente nunca se materializan? En su nuevo libro Abundancia: El futuro es mejor de lo que usted piensa (Abundance: The Future is Better Than You Think), los autores Peter H. Diamandis del X-Prize y el periodista Steven Kotler ofrecen una explicación plausible.

Los seres humanos son bombardeados con información constantemente. Debido a que nuestro cerebro tiene una capacidad de cómputo limitada, debe separar lo importante —tal como un león corriendo hacia nosotros— de lo mundano. Como la supervivencia es más importante que cualquier otra consideración, la mayor parte de la información entra a nuestro cerebro a través de la amígdala —una parte del cerebro que es "responsable de las emociones primitivas como la ira, el odio y el miedo". La información relativa a tales emociones primitivas capta nuestra atención primero porque la amígdala "está siempre en busca de alguna amenaza". Nuestra especie ha evolucionado para dar prioridad a las malas noticias. Los pesimistas sobrevivieron, mientras que los optimistas fueron comidos por los leones.

Los periódicos han notado desde hace mucho tiempo que el pesimismo vende. Según un análisis, cerca del 90% de todos los artículos del Washington Post tuvieron una tendencia pesimista en su tono durante el período estudiado. Como dice el viejo dicho entre periodistas, "la sangre vende". Los políticos también se han percatado que hablar de las "crisis" aumenta su poder, y puede incluso, al menos en el caso de Al Gore, conducir a un Premio Nobel de la Paz.

Sobreviviendo el progreso será vista porque los cerebros de los mamíferos que fueron a la luna y descubrieron los secretos del átomo, evolucionaron escapando de animales salvajes. Esto no va en detrimento de los logros humanos. En todo caso, hace el progreso humano aún más impresionante.

Este artículo fue publicado originalmente en Washington Times (EE.UU.) el 4 de mayo de 2012.