4 de diciembre de 2007

¿Capitalismo socialista?

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por Manuel F. Ayau

Manuel F. Ayau Cordón es Ingeniero y empresario guatemalteco, fundador de la Universidad Francisco Marroquín, fue presidente de la Sociedad Mont Pelerin.

Hace años me contó el famoso economista Milton Friedman que, en ocasión de un viaje, invitado por el gobierno comunista de China, para explicar a los más altos funcionarios sobre el capitalismo, al despedirse se le acercó el ministro de Planificación Económica y le dijo que desearía viajar a EE.UU., para conocer a su ministro de Planificación. El comentario de Friedman fue que, obviamente, no había entendido nada, pues tal cargo no existe en un sistema capitalista.

China tiene un sistema económico capitalista y un gobierno totalitario, no democrático, autollamado comunista, o, si Ud. quiere, socialista. Quienes controlan el partido, y no el pueblo, designan a los gobernantes.

Aclaremos. Capitalismo se refiere a un sistema económico basado en el respeto a las legítimas posesiones de las personas individuales, incluyendo los medios de producción, y el derecho de intercambiar sus productos pacífica y libremente.

Es decir que se basa en el respeto a la propiedad privada y el intercambio no dirigido por el Gobierno, en el que libremente las personas escogen a qué se dedicarán, qué consumirán (el mercado), dentro de las limitaciones que impone el igual derecho de los demás y la libre competencia.

El Capitalismo puede existir bajo un gobierno democrático o uno totalitario, como China, si el Gobierno protege derechos de vida, propiedad y contratos de los ciudadanos y deja libre lo económico.

Socialismo es cuando los medios de producción pertenecen al Estado, y éste decide qué producir y, por ende, qué consumirán los ciudadanos. Dirige las actividades de las personas, en la consecución de las metas que determina la Secretaría de Planificación.

La planificación es coercitiva. El productor, el Estado monopólico, puede ser electo, como el Nacional Socialismo (Nazismo) y conservar de nombre la propiedad privada, pero, como dijo Hitler cuando lo criticaron de inconsistente, aunque no tenga el título de propiedad, soy el dueño, porque yo dirijo y dispongo de ellas, y quien dispone de las cosas es el verdadero dueño.

Debemos, conceptualmente, separar las cosas. El Capitalismo o el Socialismo pueden existir bajo distintos sistemas políticos, democrático o socialista, porque se refieren al sistema económico, y no a la forma de escoger o renovar un gobierno. En cambio, los gobiernos pueden ser democráticos o totalitarios respecto de cómo se escogen los gobiernos.

Independencia económica. Si el sastre quiere tamales, no siembra el maíz, sino hace ropa que intercambia por dinero, para así comprar sus tamales, porque para “no depender”, para ser autosuficiente, tendría que producir su maíz en el patio y tendría menos de todo.

Está de moda ahora que el petróleo está caro, hablar de independencia económica. Pero la base de la civilización es la división del trabajo y mutua dependencia. De ello depende la productividad social.

El mercado asigna la producción, a manera de que todos puedan adquirir más satisfacciones al menor costo. Ser dependientes del exterior para tener automóviles, computadoras, teléfonos, energéticos, medicinas, etc., nos conviene porque nos cuesta menos producir algo con qué pagar por ellos que producirlos para ser independientes. Lo importante es disponer de lo que consumimos, y no producirlo.

Por razones ecológicas, EE.UU. inhibe desarrollar su petróleo, pero al mismo tiempo, como desea disminuir su dependencia del exterior, intenta ordenar, por ley, inventar motores y descubrir métodos de conservación de energía, como si ya eso no lo hiciera toda la gente a diario por interés propio.

No se da cuenta el Gobierno que, por definición, el descubrimiento y la invención no se pueden planear, y menos ordenar.

Este artículo fue publicado originalmente en el Prensa Libre (Guatemala) el 2 de diciembre de 2007.