12 de octubre de 2007
Cambiar inteligentemente
por Manuel Hinds
Manuel Hinds es ex Ministro de Finanzas de El Salvador y co-autor de Money, Markets and Sovereignty (Yale University Press, 2009).
En los dos artículos anteriores notamos cómo los países socialistas más avanzados—tales como los nórdicos, otros países europeos e Israel—han liberalizado sus economías hasta convertirse en altamente “neoliberales” sin perder sus ideales socialistas. En el camino han cambiado su concepción del socialismo. Lo que ellos buscan no es manejar la economía. Se han dado cuenta de que el sector privado la maneja mejor. El socialismo moderno compite con los otros partidos en términos de la eficiencia de los programas de educación, salud y bienestar social. En realidad, como vimos en esos artículos, los países avanzados socialistas están entre los países más “neoliberales” del mundo.

Fuente: The Fraser Institute para la libertad económica y los Indicadores Mundiales de Desarrollo del Banco Mundial para el Ingreso por habitante.
La gráfica anexa indica claramente por qué estos países cambiaron su concepción del socialismo: porque la intervención del estado en la economía está asociada con la pobreza mientras que la libertad económica está asociada con la riqueza. Cada punto representa un país de los 106 contenidos en la gráfica. En el eje horizontal se mide la libertad económica, de tal forma que mientras más alto es el número, más alto es el grado de “neoliberalismo”. El eje vertical muestra el ingreso por habitante, medido en dólares con paridad de poder de compra (que compensan por lo que un dólar compra en cada país). Como es evidente en la gráfica, el ingreso por habitante crece al irse aumentando el grado de “neoliberalismo” de los países—al grado que no hay ningún país desarrollado (con más de 20,000 dólares de ingreso) que tenga un índice de libertad menor que 7.0 (ver el área sombreada en la parte superior de la gráfica, que muestra los países desarrollados).
Por otro lado, sólo hay unos pocos países con menos de 6 de libertad económica que tengan un ingreso entre 5,000 y 10,000 dólares; la mayor parte de ellos tienen ingresos menores a 5,000 dólares. Entre estos dos grupos están los países que tienen una libertad económica entre 6 y 7, con un ingreso de menos de 15,000 dólares. En ellos también es claro que tienden a tener mayor ingreso mientras mayor es su grado de libertad. Más claro no puede ser: la pobreza está asociada con la represión económica mientras que el desarrollo económico está asociado con la libertad económica. Tratar de regresar a regímenes que sólo generan pobreza sería suicida.
El hablar de querer cambiar el régimen económico tiene costos elevados porque los inversionistas se asustan pensando que se van a hacer reformas siguiendo modelos anticuados en contra de la libertad económica que sólo llevan a más pobreza. Es como usted oyera al propietario de un bus diciendo cosas como “Veamos qué pasa si no le echamos aceite”, o “Aflojémosle las llantas de adelante para ver cómo camina si se le zafan” o, “En este viaje veremos como nos va sin frenos”. Usted no se subiría al bus. Así como estos cambios no son del tipo que mejorarían el servicio, restringir las libertades económicas no son el tipo de reformas que desarrollan un país y reducen su pobreza.
Por supuesto, esto no quiere decir que no necesitamos hacer cambios, incluyendo mejorar el capital humano de nuestra población con educación y salud, mejorar la institucionalidad del país, reducir la violencia, proteger al consumidor, tomar ventaja de la revolución de la conectividad para ayudarle a la pequeña empresa a exportar y crecer, etc., etc., etc. Este es el tipo de cosas que debemos hacer—no quitarle los frenos al bus. Recuerde que no hay obligación de ser tonto.
Este artículo fue publicado originalmente en el Diario Hoy (El Salvador) el 12 de octubre de 2007.



























Promueva ElCato.org
ElCato en Twitter
ElCato en Facebook
Colección Milton Friedman
Premio Friedman