Cae el dólar, ¿y el peso mexicano?

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Cae el dólar, ¿y el peso mexicano?

8 de Diciembre de 2006
Manuel Suárez-Mier es Profesor de Economía de American University en Washington, DC.

Se ha iniciado el largamente anunciado ajuste del dólar como parte de los cambios que son necesarios para corregir los desequilibrios macroeconómicos a nivel mundial que ya resultaban insostenibles, caracterizados por el enorme déficit externo de Estados Unidos.

Pero si analizamos esta caída del dólar con mayor cuidado, podremos apreciar que se ha ajustado en forma importante frente al euro y el dólar australiano (más de 35% desde 2002, ponderado por su participación en el comercio), y ante la libra esterlina y el dólar canadiense (poco menos de 30%).

Sin embargo, la corrección de la cotización del dólar ante el yen japonés y el rublo ruso (alrededor del 15%) y respecto a la rupia india y el renminbi chino (8 y 5%, respectivamente), han sido mucho menores, a pesar que el desequilibrio comercial estadounidense es apreciablemente mayor con estos países.

La contrapartida del ajuste, virtualmente nulo con China, se encuentra en la manipulación de la moneda de este país que ha mantenido artificialmente baja su cotización respecto al nivel en el que los mercados consideran que debiera estar, lo que ha resultado en la espectacular acumulación de reservas internacionales que indiqué ayer.

Por el contrario, si uno observa lo ocurrido con el dólar frente al peso mexicano en los casi cinco años transcurridos de 2002 a la fecha, ha habido una apreciación del dólar de 19,5% (y de 31% entre los puntos más alto y más bajo del precio de nuestra moneda, 8,9 y 11,7 pesos por dólar, respectivamente).

Es decir, frente a su segundo socio comercial la moneda de Estados Unidos ha sufrido en los últimos años un ajuste inverso al que se supone que se requiere para corregir su desequilibrio mercantil y creciente endeudamiento externo, y hasta septiembre había acumulado un déficit comercial de casi 50 mil millones de dólares, iguales a la mitad de las ventas de EE.UU. a México en el mismo lapso.

Por supuesto que estas cifras no revelan la historia completa pues en el período en cuestión la inflación en México ha sido apreciablemente mayor a la de EE.UU., y habría que determinar si la cotización de nuestra moneda estaba a principios del 2002 en un equilibrio sustentable, respecto a lo que yo tengo serias dudas.

Desde un punto de vista político lo que resulta previsible es que la próxima legislatura del Congreso de EE.UU. que se instalará en enero próximo y que, como señalé ayer, estará controlada por demócratas proclives a patrocinar medidas proteccionistas, revise con lupa los desequilibrios comerciales de su país con el resto del mundo y amenace con adoptar aranceles y cuotas de no corregirlos.

Si bien nuestro superávit comercial con EE.UU. es menos de la tercera parte del que tiene con China —166 mil millones de dólares en los primeros nueve meses del año, que representan más de cuatro veces las exportaciones totales de EE.UU. a ese país—, y a diferencia de China, México maneja un tipo de cambio realmente flexible, debemos prepararnos para una posible embestida proteccionista.

En términos económicos, que no son el fuerte de los legisladores en ninguna parte del mundo, lo que le esta ocurriendo al dólar es un proceso de ajuste frente al enorme desenfreno cometidos por sus habitantes y su gobierno, que han venido consumiendo en exceso y, en el camino, dilapidado sus ahorros.

Pero como la economía norteamericana siguió siendo muy productiva y ha mantenido una tasa de inversión doméstica elevada, fue capaz de puentear la brecha resultante y remplazar su inexistente ahorro interno con los caudales del resto del mundo, lo que configura la imagen espejo de su desequilibrio comercial.