15 de noviembre de 2012

Alberto Benegas Lynch (h): Recordando a Roy A. Childs Jr.

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por Alberto Benegas Lynch (h)

Alberto Benegas Lynch (h) es académico asociado del Cato Institute y Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Argentina.

Quienes escriben quedan inmortalizados en el papel. Unamuno consignó la idea en conocidos versos: “Cuando me creaís más muerto/ retemblaré en vuestra manos/Aquí os dejo mi alma, libro/hombre, mundo verdadero/Cuando vibres todo entero/soy yo, lector, que en ti vibro”. Leonard Read solía decir que como la amistad verdadera y perdurable se basa en la comunión de ideales, uno no necesita haber conocido personalmente a alguien para sentirse su amigo, y Thomas Szasz, refiriéndose a Childs, escribió que “hay dos formas de conocer íntimamente a una persona. Una es convivir en el mismo espacio de vida durante un largo período, la otra es a través de un proverbial encuentro de mentes. Mi intimidad con Roy fue del segundo tipo”. Szasz lo conoció personalmente de modo fugaz a Childs, yo no tuve ese privilegio, sin embargo, siento que comparto la misma amistad a través de sus escritos. Somos nuestros pensamientos reza el dictum bíblico, de modo que nada mejor que conocer los pensamientos de alguien para conocer a la persona…y cuanto más se exprima sus pensamientos en todos los órdenes, más nítida resulta la radiografía.

Como todo buen escritor, Roy A. Childs Jr. sigue existiendo entre nosotros porque están bien presentes sus obras que es en realidad lo sustancial que deja de una persona en su paso por esta tierra. En este caso, envuelve a todos los que tienen acceso a sus trabajos y los que recuerdan a quien fue uno de los más destacados exponentes libertarios de los setenta y ochenta y el centro de atención de los jóvenes de esas generaciones, a pesar de su efímera vida entre los mortales puesto que murió a los 43 años de edad, en 1992.

Reconocer, recordar y resaltar los méritos y la fertilidad de quienes nos precedieron, no solo constituye un acto de justicia sino que forma parte del natural agradecimiento por los desvelos intelectuales de personas que han contribuido a convertir el mundo en algo mejor respecto a la situación que hubiera tenido lugar sin su presencia.

Como ha escrito Giovanni Papini en una ilustrativa metáfora, si a uno le abrieran el cerebro para espiar las influencias que ha recibido se encontrará con infinidad de cartelitos con los respectivos nombres. A Childs lo influyó especialmente Rose Wilder Lane, Robert LeFebre, Ludwig von Mises, Tibor Machan, Floyd Harper, Murray Rothbard, Walter Block y Hans Sennholz. Enseñó en Rampart College y pronunció celebres conferencias en la Universidad de New York. Como relata Joan Kennedy Taylor en su jugoso escrito biográfico sobre este autor, era, además de su primordial interés filosófico, un apasionado de la música clásica (especialmente del compositor Sgambati y del pianista Bolet) y de la literatura de ficción y, en su métier, fue editor del Libertarian Review, colaboró en el Cato Institute y en el Center for Libertarian Studies, fue comentarista principal de libros en Laissez-Faire Books, editó libros como National Economic Planning. What is Left? de Don Lavoie, mantuvo nutrida correspondencia con Milton Friedman y con su amigo Robert Nozick (quien, agregamos nosotros, hizo uso de la palabra en el funeral de Childs), pensador al que también criticó por un aspecto de su tesis en uno de sus afamados libros, y fue muy conocida y difundida su refutación a algunas de las reflexiones de Ayn Rand. En un artículo inconcluso, encontrado entre sus papeles cuando murió, parece retractarse de algunas de sus posturas, pero como dice la editora de esa publicación póstuma “nunca se sabrá” ya que no argumenta su cambio de posición.

En cualquier caso, es necesario reproducir algunas de las ideas que defendió en sus múltiples ensayos con maestría didáctica y convicción durante su corta y muy activa y prolífica vida. En esta nota periodística me circunscribo a dos de sus trabajos.

En primer lugar, escribe en su Liberty Against Power que “no puede haber duda de que lado se ha ubicado el siglo veinte en el viejo conflicto entre la libertad individual y el estado respecto a los asuntos humanos. El siglo veinte es el siglo del poder, un siglo en el que la coerción estatal ha constituido un lugar común. Todas las formas concebibles de estatismo han sido aplicadas: fascismo, comunismo, social-democracia, estado corporativo y dictaduras militares. Los frutos de ese poder también se han puesto en evidencia. Hemos visto más miseria humana causada por el salvaje poder político, más crueldad y destrucción de vidas humanas que lo visto hasta el momento en nuestra historia”. Y luego de lo cual se refiere al desmoronamiento de la educación estatal, los elevados gastos públicos, deudas, déficit y aumentos siderales de impuestos junto con la quiebra de los sistemas estatales de seguridad social y el creciente desempleo, en cuyo contexto lo cita a Albert J. Nock quien consigna que “lamentablemente no se comprende bien que del mismo modo que el estado no tiene recursos propios, tampoco tiene poder propio. Todo el poder estatal es lo que la gente le otorga”.

En otro se sus ensayos Childs titualado “Big Business and the Rise of American Statism” afirma que la connivencia entre el poder gubernamental y las empresas prebendarias ha sido una catástrofe para la economía estadounidense y que las legislaciones de “antitrust” y “antimonopólicas” han constituido pantallas grotescas para proteger a empresarios ineficientes. Refiere como originalmente las empresas surgían de la eficiencia y la competencia hasta que irrumpió el aparato estatal, todo a contramano de lo que habitualmente se enseña en las historias oficiales y recomienda el gran libro de Gabriel Kolko que lleva por título The Triunph of Conservatism. A Reinterpretation of American History.

En ese mismo ensayo nuestro autor subraya un tema de gran trascendencia como el determinismo filosófico. En este sentido, explica que “el determinismo en sentido estricto es contradictorio. Si el proceso mental del hombre —específicamente su intención de razonar— no fuera libre, si estuviera determinado por su herencia y medio ambiente, entonces no hay manera de sostener que una teoría es verdadera y otra falsa ya que ningún hombre tendría manera de saber que su proceso mental no está condicionado a forzarlo a creer que una teoría es lógica cuando en realidad no lo es”.

He consultado de primera mano con personas que tuvieron la oportunidad de frecuentarlo a Childs y coinciden en su notable erudición, en su generosidad para compartir conocimientos, su espíritu siempre jovial y su muy atractivo y contagioso sentido del humor. Esta breve referencia periodística pretende rendir homenaje a este cultor de la libertad que tanto bien ha hecho por la condición humana. Si todos hicieran su parte en esta lucha por los valores y principios de la sociedad abierta, no estaríamos en los problemas en que estamos. No cabe endosar la responsabilidad a otros, cada uno es responsable por el establecimiento del necesario e imprescindible respeto recíproco.

En todo caso, conviene cincelarse en la memoria tres expresiones que remiten al mismo concepto y que recuerdan los enormes sacrificios para que tuviera vigencia, es decir, la libertad, cuyos usos originales fueron primero en Sumeria 2.500 años antes de Cristo: amagi, y luego eleutheria en la Grecia clásica y su contraparte libertas en el mundo latino, esfuerzos parturientos que representan bien la vida del contemporáneo Roy A. Childs, Jr.

Este artículo fue publicado originamente en Diario de América (EE.UU.) el 15 de noviembre de 2012.